MATEO

Lucas Riaño García

Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo vivía un niño llamado Mateo. Era obediente y trabajador. Tenía dos características muy especiales: no le gustaba dormir y no tenía amigos. Su madre le reñía todas las noches para que se acostara.

Una noche, alguien tocó a su ventana. Y se levantó para ver quién había tocado a su ventana. ¡Y vio a un gran ganso blanco posado en la repisa de la ventana!

-¿Qué haces aquí? – preguntó Mateo.

– A los niños obedientes y trabajadores les invito a descubrir por la noche cosas maravillosas.

Mateo, entonces, se subió encima del ganso y después de unas cuantas horas de vuelo aterrizaron en un parque de atracciones. Se montaron en todas las barracas. Comieron golosinas y se lo pasaron estupendamente.

  • Mateo es la hora de irnos.
  • Deja que me quede más tiempo.
  • No. Si continuas siendo tan obediente y trabajador te traeré más noches.

Mateo y el ganso echaron a volar de vuelta a casa, pero empezó a llover.

  • ¡Mateo, agárrate fuerte! – gritó el ganso.
  • ¡Me voy a caeeeer! – gritó Mateo.

Y Mateo se cayó.

  • ¡Mateo, Mateo! ¿Estás bien? ¡Te has caído de la cama!
  • ¡Mamá, mamá! ¿estoy vivo?

Desde entonces, Mateo se acuesta todas las noches pronto para si vuelve el ganso.

Y así acabo este cuento, no me lo invento, como me lo contaron te lo cuento.