EL FORJADOR DEL SEAMASTER


Jon Pérez

Lo había visto tantas y tantas veces, los segundos que lo estaba observando se convertían en minutos, y estos en horas. Tal era su obsesión por el fabuloso reloj, que cuando la dueña de la joyería lo saludaba cada una de las veces que lo veía asomarse por la esquina, el pequeño Jesús le suplicaba poder entrar y tocarlo. Las negativas de esta no hicieron mas que aumentar las ganas del niño de tenerlo en su poder, aunque para ello, todavía tendría que esperar un par de lustros.

Jesús había nacido en una familia de clase media, en una casa donde no faltaba nada, gracias a la a ardua e incansable lucha de sus padres para poder dar a sus cuatro hijos una grata y adecuada educación, que estos recompensarían con muchas alegrías en un futuro.

Pasados esos dos lustros, tras haber terminado una brillante carrera de ingeniería y habiendo decidido continuar con el legado familiar en la empresa que su padre había fundado años atrás, obtuvo como regalo de graduación el ansiado reloj con el que había soñado tanto tiempo. Se trataba del famoso Omega Seamaster, el reloj que había visto lucir a Sean Connery y Pierce Brosnan entre otros, interpretando al personaje de James bond en las películas de 007.

Pasadas un par de décadas, este objeto se había convertido en algo cotidiano para Jesús, que como si de superstición se tratase, solo se lo quitaba para dormir, ya que le incomodaba en ese momento, pero una noche de mayo, tal vez en un descuido, se lo dejo puesto mientras trataba de dormir, sin imaginar las consecuencias que eso ocasionaría para el devenir de su futuro. Aquella noche no consiguió pegar ojo, y entrada ya la madrugada, diviso una extraña luz en su ventana. Al retirar la cortina, se dio cuenta de que un extraño anciano estaba iluminando su ventana con un puntero láser, y cuando cruzaron sus miradas, el extraño le indicó mediante señas que bajase a encontrarse con él. En un arranque de valentía y con cierta curiosidad, se dispuso a bajar a la calle a ver que tendría que decirle el extraño, no sin antes avisar a su mujer, embarazada, por cierto, de lo que se disponía a hacer.

Al bajar a la calle, esta estaba desierta, y mientras se le pasaba por la cabeza que tal vez se tratase de una broma, un todoterreno plateado se asomó por la esquina a una velocidad extremadamente alta para la zona urbana donde se encontraban. Cuando el vehículo estuvo a lo suficientemente cerca de nuestro protagonista, el extraño personaje insistió a Jesús a subirse, y mientras se dirigían a un objetivo que el extraño no quiso mencionar a Jesús, empezó a contar su historia y motivos de esa visita tan repentina.

 – Me llamo Clodoaldo y desciendo de la estirpe de los encargados de fabricar los relojes como el que usted lleva encima, y fui trasladado a Suiza con mi familia hace ya unas cuantas décadas, para desempeñar esa noble profesión.

En ese momento Jesús advirtió que llevaba puesto el reloj, y empezó a pensar que tal vez no se tratase de una coincidencia.

El relojero continuó con su explicación:

Llevo mucho tiempo intentando encontrarle, ya que usted es la única persona en todo este mundo que pueda ayudarnos con el grave problema que sufrimos. Resulta que cuando fabricamos el modelo Seamaster, nuestro jefe y fundador, Louis Brandt, quiso hacer una unidad especial, para que, en caso de emergencia, si el no podía ayudarnos, fuese el portador del reloj quién lo hiciese. El caso es que …

Clodoaldo hizo una pausa, se le vía muy conmovido.

El caso es que el Sr. Brandt falleció hace ya 4 años, y usted es el portador del modelo especial, aquel que cuando se lo puso por primera vez le identificó y lo ha mantenido como relevo del Sr. Brandt si ocurriese alguna emergencia.

Jesús se quedó pálido, pues no pensaba que tanta responsabilidad podría llegar a caer sobre sus hombros por el simple hecho de comprar un reloj, pero se concentró en ayudar al relojero.

¿Entonces, ¿cuál es la emergencia que tendría que ayudaros a solucionar?

El anciano le respondió, notoriamente preocupado:

Nuestro invento más importante hasta la fecha, el reloj atómico que marca la hora que sigue todo el mundo, ha sufrido un error que podría acabar con la Tierra tal y como la conocemos si no hacemos nada al respecto. Y usted o sus descendientes, si es que los tiene podrían ayudarnos a evitar tales consecuencias, ya que como supongo que sabrá, nunca se es dueño de nuestros relojes, sino el poseedor hasta la próxima generación.

En ese momento, Jesús pensó en el inminente nacimiento de su primer hijo, ya que aún no tenía descendencia, pero estaba convencido a ayudar a los relojeros, mayoritariamente para hacer del mundo un lugar mejor, donde su futuro hijo pudiese crecer y seguir el legado familiar haciéndose cargo del reloj.

– Entendido, ¿cómo podemos arreglar el trasto ese? – dijo Jesús, notando la rapidez con la que tenía que ser hecho el arreglo.

Resultó que para terminar de desarrollar el nuevo programa electrónico que controlaba el reloj atómico, necesitaban la resolución del último problema matemático que había surgido en el reloj, y solamente alguien con conocimientos avanzados de ingeniería sabe cómo hacerlo.

Y, asombrado y con un tono tal vez irónico, añadió:

– Parece que no se equivocaba el Sr. Brandt al escoger al portador del modelo especial.

A partir de ahí, se pusieron manos a la obra, tratando de terminar el nuevo programa electrónico que reparaba el reloj.

 Finalmente, y tras largas horas recordando fórmulas y procesos muy complejos, Jesús pudo terminar el programa, consiguiendo reparar el problema, poco antes de que todas las vidas del planeta hubiesen sido cambiadas.

Al volver a casa, Jesús fue directo a contarle a su mujer lo que le había ocurrido, pensando que esta no daría crédito, pero no consiguió encontrarla por ningún lado.

Presa del pánico, entró en el salón directo al teléfono, y encontró una nota que decía:

– ¡Ven al hospital, ya!

En menos de media hora, Jesús se encontraba presenciando el nacimiento de su primogénito, pensando en todo lo que le había ocurrido esa noche, y en ese momento, se dio cuenta de que todavía llevaba puesto el reloj. Miró la fecha y vió, 12 de mayo, a partir de entonces, esa sería una fecha muy importante para Jesús.

Había nacido el poseedor del Seamaster hasta la próxima generación.